En días recientes hemos recibido una noticia que llena de orgullo a Loreto y que invita a reflexionar profundamente sobre el valor de quienes defienden la vida en la Amazonía. Dos mujeres loretanas, Marcelina Angulo y la doctora Rita Ruck, fueron premiadas en Viena, Austria, por el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país, en reconocimiento a su labor en defensa del medio ambiente, los derechos humanos y la convivencia pacífica. Un reconocimiento internacional que llega mientras en nuestra región aún enfrentamos enormes retos vinculados a la violencia, la ilegalidad y el abandono estatal.
La violencia se manifiesta de múltiples formas, y alcanza con mayor intensidad a quienes son mujeres, indígenas, defensoras ambientales o habitantes de territorios amenazados por actividades ilegales. En ríos como el Nanay, asediados por la minería y economías ilícitas, la violencia no solo destruye el ecosistema: también pone en riesgo la vida de quienes alzan la voz para protegerlo. Por eso, que Marcelina y Rita hayan tenido que viajar tan lejos para ser reconocidas es motivo de celebración, sí, pero también de cuestionamiento.
Marcelina Angulo lleva años defendiendo al Nanay, río del que depende buena parte de la vida en Iquitos. La doctora Rita Ruck, desde Justicia y Paz del Vicariato, acompaña a comunidades y defensores en procesos marcados por amenazas, hostilidad y riesgos reales. Ellas representan la dignidad de quienes no se rinden. No levantan banderas de odio, no responden con violencia: su lucha es firme, ética y profundamente humana.
A menudo escuchamos que “los tiempos están malos”. Sin embargo, como decía San Agustín, los tiempos los hacemos nosotros. Marcelina y Rita son prueba de ello. Han decidido que, a pesar de las dificultades, estos tiempos pueden ser buenos si se apuesta por el bien común, por el diálogo, por la protección de la vida y por una Amazonía libre de contaminación y mercurio. Su sonrisa, esa que conservan a pesar de cargar sobre los hombros luchas enormes, es un acto de resistencia y un recordatorio de que siempre es posible elegir el lado correcto.
Desde Radio La Voz de la Selva queremos expresarles nuestro agradecimiento. Gracias por recordarnos que la defensa del territorio no es un discurso, es una práctica cotidiana. Gracias por demostrar que la Amazonía tiene hijas valientes capaces de inspirar al mundo entero. Gracias por enseñarnos, con su ejemplo, que un futuro distinto no solo es necesario, sino alcanzable.
Pero el reconocimiento internacional deja una pregunta incómoda: ¿por qué tuvo que ser Austria y no una institución peruana quien valorara primero este esfuerzo? ¿Qué esperamos para que existan premios regionales o nacionales que visibilicen el trabajo de nuestras defensoras ambientales? Premiar no es un gesto superficial: es una herramienta para abrir los ojos frente a las violencias que ellas enfrentan y para enviar un mensaje claro a quienes depredan nuestros ríos.
Y más allá del reconocimiento, que alegra y honra, queda pendiente lo más urgente: la protección efectiva. Protecciones reales para quienes arriesgan la vida defendiendo el territorio; investigaciones científicas que orienten políticas públicas; servicios de salud, educación y comunicación que permitan vivir con dignidad; Estado presente, no un Estado que llega tarde o no llega nunca. Defender no debería costar la vida.
Por eso celebramos profundamente este premio, pero insistimos en que la tarea no termina aquí. Que este reconocimiento no sea solo una noticia bonita, sino un impulso para mirar de frente nuestras deudas con quienes protegen los ríos, los bosques y la vida amazónica. Que el aplauso internacional se convierta en responsabilidad local.






