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EDITORIAL | El Max Augustín no puede fallarle a Iquitos

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El estadio Max Augustín vuelve a colocarse en el centro del debate regional, no solo por su valor deportivo, sino por todo lo que representa para la ciudad. Con miras a la temporada dos mil veintiséis del fútbol profesional, la urgencia de cambiar el grass sintético ya no admite excusas ni postergaciones.

Loreto tendrá tres equipos compitiendo a nivel profesional: Club Yanapuma, que ha logrado un histórico ascenso a la Liga Uno del fútbol femenino, y Comerciantes FC junto al CD Estudiantil CNI, que disputarán la Liga Dos masculina. Tres instituciones, tres calendarios oficiales y una sola sede deportiva que hoy no cumple con las exigencias técnicas mínimas.

El problema es claro y conocido: el grass sintético del Max Augustín ya no cuenta con la certificación requerida por la Federación Peruana de Fútbol. No se trata de una advertencia reciente ni de un obstáculo inesperado, sino de una observación que se ha venido arrastrando durante años y que solo ha sido contenida con mantenimientos temporales.

La falta de decisión oportuna pone en riesgo no solo a los clubes, sino a toda la dinámica deportiva de la región. Jugar fuera de Iquitos implicaría mayores gastos, desgaste físico y emocional para los equipos, además de un golpe directo a la hinchada que sostiene al fútbol local desde las tribunas.

Pero el impacto va mucho más allá del deporte. Cada partido en el Max Augustín mueve la economía de la ciudad. Desde el cuidador de motos, las señoras que venden refrescos, comida o frutas en los alrededores, hasta los pequeños comerciantes que encuentran en el fútbol una oportunidad semanal de ingresos.

A ello se suma el movimiento que generan los equipos visitantes: ocupación hotelera, consumo en restaurantes, transporte y servicios. El fútbol profesional dinamiza sectores que no siempre aparecen en las estadísticas oficiales, pero que sienten de inmediato cuando el estadio abre o se queda en silencio.

Por eso resulta irresponsable seguir tratando el cambio del grass sintético como un trámite más. La cancha no es un detalle menor ni un lujo, es el requisito básico para que el fútbol profesional continúe en Loreto y para que la ciudad siga beneficiándose de esta actividad.

Las autoridades regionales deben entender que priorizar el Max Augustín no es solo apoyar al deporte, sino proteger una cadena económica que involucra a cientos de familias. El cambio del grass debe ejecutarse con urgencia, incluso si otras mejoras estructurales se programan a mediano plazo.

Iquitos no puede perder tres equipos profesionales por demora administrativa o falta de voluntad política. El estadio Max Augustín debe estar a la altura del momento histórico que vive el fútbol loretano y responder, de una vez por todas, a la expectativa deportiva y económica de toda la ciudad.

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