En el Perú seguimos repitiendo el mismo error de siempre: legislar desde un escritorio en Lima creyendo que el país termina en la Costa Verde. Las leyes se aprueban con aire de modernidad, con discursos de “orden” y “seguridad”, pero sin mirar la realidad concreta de regiones como Loreto, donde la vida cotidiana no se mueve en autos, sino en motocicletas y mototaxis.
En Iquitos, y en muchas ciudades de la Amazonía, la motocicleta no es un lujo ni una moda, es una necesidad. Es el medio con el que padres llevan a sus hijos al colegio, trabajadores llegan a sus centros laborales y familias enteras se desplazan para sobrevivir. Pretender regular este sistema con normas pensadas para Lima es, sencillamente, desconocer cómo vive la Amazonía.
La ley que busca restringir el traslado de pasajeros en motocicletas y limitar el tránsito de mototaxis entre distritos es una muestra clara de ese centralismo ciego. Una norma que puede tener sentido en distritos limeños con metro, buses y taxis formales, aquí se convierte en una amenaza directa al sustento diario de miles de familias.
En Loreto, el mototaxi no solo conecta distritos, conecta realidades. Une Belén con San Juan, Punchana con Iquitos, los mercados con los hogares, las carreteras con los colegios. Cortar esa dinámica es romper el tejido social y económico de la ciudad, como si alguien decidiera cerrar puentes sin ofrecer alternativas.
Lo más grave no es solo la ley mal hecha, sino el silencio cómplice de quienes deberían defender a la región. ¿Dónde están los congresistas de Loreto? ¿Dónde están las autoridades que conocen —o deberían conocer— que aquí no hay transporte masivo ni opciones reales para reemplazar al mototaxi?
Resulta indignante que estas normas se aprueben sin consulta, sin diálogo y sin estudios serios sobre su impacto regional. Se habla de seguridad, pero no se habla de desempleo. Se habla de orden, pero no se habla del caos social que puede generar dejar sin trabajo a miles de mototaxistas.
La Amazonía no es homogénea al resto del país, y eso no es un defecto, es una realidad geográfica, cultural y social. Pretender aplicar leyes “copiadas y pegadas” demuestra una profunda ignorancia del territorio y una peligrosa desconexión entre el poder político y la ciudadanía.
Cada vez que una ley fracasa en Loreto, se refuerza la sensación de abandono. Se siente que el Estado aparece solo para prohibir, sancionar o restringir, pero nunca para comprender, invertir o proponer soluciones reales adaptadas a la región.
Si el Congreso no es capaz de legislar mirando al país diverso que dice representar, entonces el problema no es la ciudadanía que reclama, sino la clase política que no escucha. No se puede gobernar la Amazonía como si fuera un distrito más de Lima Metropolitana.
Loreto no pide privilegios, pide sentido común. Pide leyes que nazcan desde la realidad y no desde el desconocimiento. Porque mientras se siga legislando de espaldas a la Amazonía, las normas seguirán fracasando, y la distancia entre el Estado y su población seguirá creciendo, peligrosamente, cada día más.






