En Loreto está ocurriendo algo silencioso pero poderoso: los jóvenes han comenzado a hablar. Y cuando la juventud habla, la historia empieza a moverse. En medio de un año electoral cargado de promesas, caravanas, discursos y pancartas, hay una generación que quiere algo más que slogans. Quiere respuestas.
Durante años se repitió la idea de que los jóvenes no se interesaban por la política. Que no opinaban. Que no participaban. Que estaban distraídos. Hoy esa narrativa se cae a pedazos frente a la realidad de una juventud amazónica que busca información, debate, cuestiona y exige ser escuchada.
Los adolescentes que impulsan el decálogo “Vota por mí”, los jóvenes que organizan conversatorios sobre agua potable, los que se preparan para votar por primera vez, los que se suman a movimientos ciudadanos, los que abren espacios de diálogo… todos están diciendo lo mismo: el futuro también es nuestro.
Y ese mensaje debería sacudir a la política nacional. Porque los jóvenes no están pidiendo favores. Están reclamando algo básico: ser parte de la agenda pública. Quieren educación digna, salud mental sin estigmas, seguridad real, oportunidades laborales y un entorno que no los obligue a migrar para sobrevivir.
La Amazonía conoce demasiado bien la historia de generaciones obligadas a irse. Jóvenes que crecieron mirando el río con sueños grandes, pero sin oportunidades. Jóvenes que partieron a Lima, a la costa o al extranjero porque su propia tierra no pudo ofrecerles futuro. Esa historia no puede repetirse.
Hoy la diferencia es clara: esta generación ya no quiere irse en silencio. Quiere quedarse y transformar su región. Quiere participar, preguntar, debatir y decidir. Quiere votar con información y no por costumbre. Quiere dejar de heredar problemas y empezar a construir soluciones.
Por eso son tan importantes los espacios de diálogo que hoy se están abriendo en Loreto. Foros, debates, campañas de voto informado, programas de salud mental. Cada uno de estos espacios es una señal de que la juventud amazónica está dejando las graderías para saltar a la cancha.
Sin embargo, el reto mayor sigue siendo la respuesta de la política. ¿Están los candidatos escuchando de verdad? ¿Están incorporando estas demandas en sus propuestas? ¿O seguirán hablando solo de obras visibles mientras ignoran las urgencias humanas de una generación entera?
Porque un país que no escucha a sus jóvenes está condenado a repetir sus errores. Y una región que no apuesta por su juventud está renunciando a su propio futuro. Loreto no puede darse ese lujo.
La juventud amazónica ya despertó. La pregunta ahora no es si participarán, porque ya lo están haciendo. La pregunta es si quienes buscan gobernar tendrán la humildad de escucharlos.






