Search
Close this search box.

Instala nuestra APP en iOS

Parece que estás usando iOS o Mac. Para instalar nuestra aplicación sigue estos pasos:

  1. Presiona el botón compartir Compartir (normalmente se encuentra en la parte inferior o al costado de la URL).
  2. Selecciona "Agregar a la pantalla de inicio" y listo.

EDITORIAL | La agresión a una joven cantante y el espejo de una sociedad que no quiere cambiar

Facebook
X
WhatsApp

Lo ocurrido en un conocido restaurante del centro de Iquitos el último fin de semana vuelve a ponernos frente a una realidad que muchos prefieren ignorar. Un hecho de flagrancia permitió una investigación rápida y una sentencia oportuna, sí; pero detrás del resultado judicial hay algo mucho más profundo, más incómodo, que nos obliga a mirarnos como sociedad. La agresión sufrida por una joven cantante, violentada en plena jornada laboral por un hombre que decidió invadir su cuerpo, no es un caso aislado: es el reflejo de un problema que seguimos sin enfrentar.

Esta joven estaba trabajando. Estaba cumpliendo con su presentación musical, como cientos de artistas lo hacen cada tarde y noche en distintos locales de la ciudad. Y aun así, un sujeto creyó tener derecho sobre ella. En medio del cambio de grupo musical, este hombre cometió un tocamiento indebido que no necesita detalles para entender su gravedad. Ese acto no solo violó la intimidad y la dignidad de la víctima; también expuso una forma de pensar que todavía está presente entre nosotros.

La reacción rápida de la joven, el apoyo de quienes la rodeaban, la intervención policial y la sentencia de más de dos años de pena suspendida son señales de que el sistema puede funcionar cuando hay claridad en los hechos. Pero el foco no puede quedarse únicamente allí. La justicia actuó, sí, pero la pregunta es: ¿qué hicimos nosotros como sociedad frente a este caso? ¿Qué dijeron nuestras redes? ¿Qué expresaron nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestra propia comunidad virtual?

Lo que se leyó en redes sociales es un recordatorio brutal de que seguimos enfermos. Muchas voces, y lo preocupante es que muchas de ellas fueron de mujeres, justificaron, minimizaron o relativizaron la agresión. Que por la ropa, que por el ambiente, que por la música, que “algo habrá hecho”. Ese discurso es exactamente el que permite que estas violencias continúen. Cuando normalizamos el irrespeto, cuando buscamos culpabilizar a la víctima, cuando intentamos justificar lo injustificable, no solo fallamos como personas: retrocedemos como sociedad.

Nada, absolutamente nada, justifica un tocamiento indebido. No lo justifican la falda, el short, el maquillaje, la hora, el lugar ni la profesión. Una cantante, una bailarina, una artista merece el mismo respeto que cualquier persona que está ejerciendo un trabajo digno. El arte no disminuye la dignidad; la expone. Por eso, quienes están sobre una tarima deberían tener más protección, no menos.

También es importante reflexionar sobre nuestro concepto de diversión. ¿En qué momento en esta ciudad confundimos el “pasarla bien” con perder el control, con permitirnos actitudes que degradan a otros, con la idea absurda de que el alcohol justifica la violencia? Divertirse no es volverse irresponsable. Divertirse no es volverse agresor. Divertirse no es cruzar límites que pueden marcar para siempre la vida de otra persona.

Este caso deja una sentencia, es cierto, pero también debe dejarnos una lección colectiva. No podemos seguir actuando como si estos hechos fueran “cosas que pasan”. No podemos seguir aceptando que las redes sociales se conviertan en espacios donde se banaliza la violencia. Necesitamos mirarnos con honestidad y reconocer que tenemos un problema cultural que no se resuelve solo con castigos, sino con educación y con un cambio profundo en cómo entendemos el respeto.

La redacción de hoy se cierra expresando solidaridad con la joven agredida. No hace falta conocer su nombre ni su historia para sentir empatía. Basta recordar que detrás de ella hay cientos de artistas en Iquitos que salen cada día y noche a ganarse la vida con esfuerzo y talento. A ellas, a ellos, a quienes están constantemente expuestos, les debemos respeto. Y a esta ciudad le debemos un compromiso: no normalizar jamás ninguna forma de violencia.

Te puede interesar

Add New Playlist

Programación del Día

Programación de Hoy