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EDITORIAL | Hospital Iquitos: cuando la excusa reemplaza a la responsabilidad

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No son dos comunicados aislados ni mucho menos un malentendido administrativo. Son dos documentos que, leídos en conjunto, revelan una verdad incómoda: la obra del Hospital Iquitos vuelve a entrar en crisis. Primero habla el Consorcio Salud Garayar, anunciando la paralización por falta de pago. Luego responde el Gobierno Regional de Loreto, deslindando responsabilidades y señalando al Ministerio de Economía como culpable. Entre ambos, queda atrapada una ciudad que lleva esperando más de siete años por un hospital digno.

La historia no admite maquillaje. El Hospital Iquitos inició su ejecución el 4 de octubre de 2017 y debía concluir en aproximadamente dos años. Hoy, en 2025, seguimos hablando de plazos, trámites y “gestiones”. Han pasado gobiernos, promesas y ceremonias, pero no ha llegado lo esencial: un hospital moderno y plenamente operativo para la población más pobre, esa que siempre ha hecho suyo este nosocomio.

Lo más grave es que este nuevo tropiezo ocurre justo cuando se anunciaba, con tono triunfalista, que la obra se entregaría “sí o sí” este año. Y de pronto aparece el impago de más de 18 millones de soles, monto que no surge de la noche a la mañana. Nadie paraliza una obra por quince días de atraso. Esto es acumulación de negligencia, silencio prolongado y una gestión que llegó tarde a un problema que ya estaba sobre la mesa.

Resulta inevitable preguntarse cómo se llega a este escenario cuando, según la narrativa oficial, la relación entre el Gobierno Regional y el Ejecutivo es hoy más cercana que nunca. Gobernador, presidente y congresistas del mismo partido, reuniones constantes, fotos sonrientes y discursos de coordinación. Entonces, ¿en serio nadie habló del hospital? ¿En serio este tema no fue prioridad en esos encuentros políticos de alto nivel?

La explicación de una mala relación intergubernamental no se sostiene. Por el contrario, la cercanía política hace más incomprensible este desenlace. Y es ahí donde surge una sospecha legítima: la distracción. Mientras las autoridades se consumen en pugnas internas, campañas adelantadas y cálculos partidarios, el Hospital Iquitos quedó relegado, como si no fuera una urgencia vital sino un expediente más.

El comunicado del Gobierno Regional no propone soluciones concretas. No dice qué se hará si el Ministerio de Economía no transfiere el dinero, ni plantea un plan de contingencia. Se limita a explicar, justificar y esperar. Es un documento que se lava las manos, un acto de poncio-pilatismo administrativo que pretende tranquilizar con palabras mientras la obra sigue detenida.

Peor aún, esta información solo salió a la luz porque el consorcio constructor decidió hablar. Si no fuera por ese comunicado, la población seguiría creyendo que todo marchaba según lo anunciado. Y cuando médicos o trabajadores del hospital alertaron antes sobre retrasos, se les descalificó con el viejo libreto: operadores políticos, exageraciones, mala fe. Hoy la realidad los desmiente.

Al ciudadano no le interesa el origen contable del dinero. No le importa si el presupuesto viene del MEF o de otra partida. Lo que importa es el resultado. Loreto tiene recursos, incluso mecanismos como el fideicomiso. ¿Por qué no se activaron soluciones extraordinarias? ¿Por qué no se buscó una salida política y financiera real para evitar la paralización? Para eso existen asesores bien pagados y equipos técnicos de alto nivel.

Gobernador René Chávez, el Hospital Iquitos no puede seguir estirándose como chicle ni postergándose con excusas. Priorizar esta obra no es un gesto político, es una obligación moral. La población no necesita comunicados defensivos ni campañas encubiertas; necesita acciones, decisiones y liderazgo. Cada día de retraso no es un trámite más: es una deuda con la salud, con la dignidad y con la vida de Loreto.

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