En la Amazonía peruana, donde las distancias son largas y las oportunidades muchas veces escasas, la educación no puede ser un privilegio ni un lujo. Debe ser una segunda oportunidad permanente. Por eso, hablar de los Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA) es hablar de justicia social, de inclusión real y de futuro para miles de personas que por distintas razones no pudieron culminar la escuela en el sistema regular.
Loreto es una región donde la vida no siempre sigue los tiempos del calendario escolar. La pobreza, el trabajo temprano, la migración, la maternidad adolescente, las enfermedades o simplemente la falta de acceso educativo han obligado a miles de loretanos a abandonar la primaria o secundaria. Sin embargo, abandonar la escuela no significa renunciar al derecho a aprender. Los CEBA representan esa puerta abierta que dice: nunca es tarde para volver.
Desde la perspectiva de Radio La Voz de la Selva, este tema no es menor. Lo vemos cada día en las calles, en los mercados, en los barrios, en las comunidades. Hombres y mujeres que trabajan duro, que sacan adelante a sus familias, pero que cargan con una deuda pendiente: terminar sus estudios. Y cuando alguien logra culminarlos, no solo obtiene un certificado; recupera dignidad, autoestima y nuevas posibilidades.
El CEBA no es simplemente “la nocturna” de antes. Hoy es una modalidad moderna, flexible y adaptada a la realidad amazónica. Permite estudiar de manera semipresencial, con horarios compatibles con el trabajo y la familia. Atiende a jóvenes desde los 14 años hasta adultos mayores que deciden retomar sus estudios después de décadas. Incluso incluye a personas con discapacidad auditiva, gestantes y trabajadores que necesitan una segunda oportunidad educativa sin abandonar sus responsabilidades.
Los beneficios son múltiples y profundos. Terminar la primaria o secundaria abre puertas laborales, mejora los ingresos, facilita el acceso a institutos y universidades y fortalece la capacidad de emprender. Pero hay algo aún más poderoso: rompe el círculo intergeneracional de la exclusión educativa. Cuando un padre o una madre vuelve a estudiar, envía un mensaje contundente a sus hijos: la educación sí importa.
Además, los CEBA no solo enseñan materias académicas. Incorporan capacitación técnica en oficios como carpintería, electricidad y manualidades. Esto significa que no solo forman estudiantes, sino ciudadanos productivos capaces de mejorar su economía familiar. En una región donde el empleo formal es limitado, este enfoque práctico resulta vital.
Desde nuestra tribuna radial, insistimos en que la educación básica alternativa debe convertirse en una prioridad regional. No basta con abrir matrículas cada año. Se necesita mayor difusión, más inversión, más infraestructura y una política pública que reconozca el valor estratégico de esta modalidad educativa para el desarrollo amazónico.
Loreto no puede avanzar dejando atrás a quienes no terminaron la escuela. No podemos hablar de desarrollo si miles de ciudadanos siguen excluidos del sistema educativo. Los CEBA son, quizás, una de las herramientas más silenciosas, pero más poderosas para reducir la desigualdad en nuestra región.
Hoy más que nunca debemos decirlo con claridad: estudiar a cualquier edad no es una vergüenza, es un acto de valentía. Y apoyar a los CEBA es apostar por una Amazonía con más oportunidades, más justicia y más futuro. Porque la educación, en cualquier etapa de la vida, sigue siendo la mejor herramienta para cambiar destinos.






