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EDITORIAL | Balsapuerto: cuando el abandono del Estado se vuelve costumbre

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En Balsapuerto ya no se protesta por capricho. Se protesta por cansancio. Veinticuatro días de huelga indefinida del pueblo Shawi no son un hecho menor ni una noticia más de la agenda regional: son la expresión más cruda de un Estado que llega tarde, llega poco o simplemente no llega.

Desde Radio La Voz de la Selva lo decimos con claridad: cuando una población entera se instala frente a su municipalidad y exige la presencia directa del Gobierno Nacional, lo que está en juego no es solo una demanda puntual, sino la ruptura de la confianza en sus autoridades más cercanas. Y eso, en cualquier democracia, es una señal de alarma mayor.

Balsapuerto no amaneció en crisis de la noche a la mañana. Este conflicto se viene incubando hace meses, por no decir años, entre promesas incumplidas, obras que no despegan y una sensación persistente de abandono en uno de los distritos históricamente más golpeados de la provincia de Alto Amazonas.

Lo más preocupante no es solo la protesta, sino el silencio. Silencio de la municipalidad distrital, silencio de la provincia, silencio del Gobierno Regional. Un silencio que duele más cuando se trata de comunidades indígenas que, otra vez, sienten que deben levantar la voz para ser escuchadas.

El pueblo Shawi está enviando un mensaje potente: ya no cree en la “mecedora”. Y cuando la población deja de creer en sus autoridades locales, el problema deja de ser administrativo y se convierte en político y social.

Aquí hay responsabilidades compartidas que no pueden seguir pateándose como pelota. No basta con que llegue una comisión de Lima para apagar el incendio. El verdadero desafío es reconstruir la presencia efectiva del Estado en el territorio, con servicios que funcionen y compromisos que se cumplan.

Desde esta tribuna radial insistimos: Balsapuerto no necesita solo visitas ni discursos. Necesita gestión, inversión bien ejecutada y autoridades que den la cara. Porque gobernar territorios amazónicos no es firmar convenios desde un escritorio en Iquitos; es entender la urgencia de pueblos que viven en condiciones mucho más duras que las estadísticas oficiales.

También hay que decirlo con responsabilidad: la protesta prolongada tiene costos sociales y económicos para la propia población. Por eso urge una salida seria, transparente y verificable, que no vuelva a alimentar el ciclo de promesas que luego se diluyen con el tiempo.

El Gobierno Regional de Loreto y los gobiernos locales tienen aquí una oportunidad, quizá la última en este periodo, para demostrar que la descentralización sirve para algo más que para repartir cargos. Si no hay respuestas concretas, el mensaje que quedará en la Amazonía será devastador.

Balsapuerto hoy no solo reclama obras. Reclama respeto. Y mientras ese respeto no se traduzca en acciones reales, desde La Voz de la Selva seguiremos poniendo el tema sobre la mesa, porque el silencio institucional nunca puede ser la respuesta frente al abandono de nuestros pueblos.

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