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EDITORIAL | El Max Augustín: un estadio abandonado en la región más grande del país

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Loreto afronta la temporada 2026 del fútbol profesional sin un escenario deportivo en condiciones, pese a contar con tres equipos en competencia y una historia futbolística que hoy se ve golpeada por la desidia y la falta de gestión.

Resulta inadmisible que, a puertas de una nueva temporada del fútbol profesional, el estadio Max Augustín de Iquitos no esté en condiciones de albergar partidos oficiales. No se trata de un problema menor ni circunstancial, sino de una evidencia más del abandono sistemático del deporte en Loreto, una región que, paradójicamente, es la más extensa del país y una de las más apasionadas por el fútbol.

La situación es aún más grave si se considera que en la temporada 2026 son tres los equipos loretanos que deben competir en el fútbol profesional. Tres instituciones que representan a miles de hinchas y a una región entera, pero que hoy no tienen un estadio apto para jugar en casa. ¿Cómo se explica que una región con tanta representación no tenga un solo recinto deportivo en condiciones?

El Max Augustín, históricamente considerado el principal escenario deportivo de Loreto, se ha convertido en el reflejo del abandono institucional. Cancha en mal estado, infraestructura deteriorada y observaciones técnicas que impiden su uso evidencian años de falta de mantenimiento, planificación y, sobre todo, voluntad política para resolver un problema que no es nuevo.

No se puede seguir normalizando que los equipos loretanos tengan que hacer de locales en otras ciudades o jugar en condiciones desventajosas. Esto no solo afecta el rendimiento deportivo, sino también la economía de los clubes, la asistencia del público y la identidad regional que se construye alrededor del fútbol.

Las autoridades regionales y las entidades responsables del deporte tienen una enorme deuda con la población. Durante años se han anunciado mejoras, proyectos y presupuestos que nunca se traducen en soluciones reales. El resultado es un estadio que no cumple con los requisitos mínimos y un fútbol regional que sigue relegado frente a otras regiones del país.

El discurso de apoyo al deporte se repite cada año, pero la realidad demuestra lo contrario. No basta con fotos, visitas o declaraciones de buena intención. El fútbol profesional exige infraestructura adecuada, planificación seria y decisiones oportunas, algo que hasta ahora no se ha visto en el caso del Max Augustín.

Esta situación también envía un mensaje preocupante a los jóvenes deportistas de Loreto. ¿Qué incentivo puede tener un niño o adolescente para soñar con el fútbol profesional si ni siquiera existe un estadio digno donde ver jugar a sus referentes? El abandono del Max Augustín es, en el fondo, un abandono al futuro del deporte regional.

Loreto no pide privilegios, pide condiciones justas. Pide que su estadio esté a la altura de la competencia nacional y del esfuerzo de sus clubes. Pide que el tamaño de la región y su aporte al fútbol peruano se reflejen en infraestructura real, no solo en promesas incumplidas.

La temporada 2026 ya está en marcha y el tiempo corre en contra. Cada fecha sin una solución concreta es una oportunidad perdida para el fútbol loretano y una muestra más de improvisación. El estadio Max Augustín no puede seguir siendo un símbolo de abandono: es momento de que las autoridades actúen con urgencia, transparencia y compromiso, porque el fútbol loretano merece respeto y condiciones dignas para competir.

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