En su primer año de gestión sostenible del bosque, el OSINFOR le otorgó una constancia de cumplimiento de obligaciones como reconocimiento de sus prácticas responsables.
“Por la sencilla razón de que acá existe la extrema pobreza. No hay trabajo, no hay nada, por eso decidimos apostar por vender nuestra madera”, dice Roberto Tamani Maytahuari, apu de la comunidad Mariscal Castilla, quien representa a 26 familias que vieron en el aprovechamiento legal de sus recursos forestales una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida.

A orillas del río Ucayali, en la provincia de Requena, se ubica la comunidad Mariscal Castilla, un pueblo de raíces kukama kukamiria que hasta octubre de 2025 vivía principalmente de la siembra y cosecha de yuca y plátano, y de la venta de artesanía que, eventualmente, las mujeres ofrecían a los turistas que pasaban por la zona. Estas actividades no alcanzaban para cubrir sus necesidades más básicas como educación y salud.
Diez meses después de que decidieran aprovechar los recursos de su bosque de manera legal, Roberto reconoce que las cosas empiezan a cambiar. La compra de víveres, materiales para las viviendas, medicinas para enfermos y adultos mayores, y útiles escolares, hoy les resulta más accesibles.

“Considero que el aprovechamiento es una buena oportunidad porque nos deja platita para cubrir algunos requerimientos de la comunidad y las necesidades de nuestras familias. Se hace uso también para mejorar el colegio y nuestros locales, nos sirve para todo. Es una cosa sostenible para nosotros”, asegura Roberto.
El bosque como una oportunidad
En 2025, Roberto aún no era apu, pero, como comunero comprometido, participó en la primera asamblea con el empresario maderero Juan Vásquez Mendoza, quien estaba interesado en asumir los costos logísticos y operativos para el aprovechamiento de la madera, bajo la vigilancia de la comunidad. El acuerdo quedó establecido mediante un contrato. “Cuando vino el maderero nos reunimos todos los moradores y las autoridades para ver si se puede trabajar con él. En común acuerdo aceptamos porque nos pareció un trato justo y legal”, recuerda.
Quien también estuvo presente y ha sido clave en la relación entre comunidad y empresa es el técnico de campo Junior Vela Sangama, representante de Juan Vásquez en el campamento de extracción. Junior señala que este acercamiento se materializó en la firma de un contrato y la obtención de un permiso forestal intermedio para el aprovechamiento de especies como capinurí (Maquira coriacea), capirona (Calycophyllum spruceanum), machimango (Eschweilera parvifolia) y quinilla colorada (Chrysophyllum bombycinum) en más de 301 hectáreas de bosque. Esta madera es enviada a Pucallpa para su comercialización.

Sin embargo, Junior señala que el papel de la comunidad no ha disminuido, sino que va articulado con el trabajo logístico. “La comunidad tiene un rol muy importante, ellos ya conocen su bosque, nos guían y nos monitorean. Ven que los árboles marcados se aprovechen correctamente porque quieren quedar bien como pueblo y hacer bien las cosas”, indica.
Reconocimiento al trabajo sostenible
Miguel Vásquez Mendoza, regente del permiso forestal, afirma que este trabajo articulado ya se puede evidenciar en reconocimientos. En agosto de 2026 el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR) otorgó a la comunidad una constancia de cumplimiento de obligaciones, documento que los certifica como productores que implementan prácticas responsables de manejo durante la extracción de la madera para proteger el bosque, además les brinda respaldo en el mercado forestal.
“Desde que nos hemos presentado con la comunidad hemos sido claros y transparentes y la supervisión del OSINFOR refleja que estamos cumpliendo. La comunidad tiene ahora un beneficio que acredita que su madera es de origen legal, lo que da la tranquilidad a los comerciantes que la adquieran”, precisa.

Aprovechamiento que deja legado
Pero, para Roberto, quien lleva más de 70 años en la comunidad, lo que más importancia tiene es el cariño y la dedicación que representa trabajar con el bosque, pues más allá de ser su sustento económico es la única fuente de vida que conocen. “Yo estoy acá desde que nací, y queremos que el monte siga aquí tiempo después”, señala.
Celso Gastón Tamani, teniente gobernador de la comunidad Mariscal Castilla, comparte este amor por el bosque y, al igual que Roberto, está convencido de que la actividad forestal debe ser de forma responsable para el beneficio de las nuevas generaciones. “Necesitamos cubrir las necesidades de nuestros hogares, pero solo aprovechamos la madera seleccionada y cuidamos los semilleros, para que regeneren el bosque y aprovechen los que vienen detrás”, manifiesta.
Mientras caminan entre grandes trozas de madera, ambos coinciden en la importancia de que el bosque continúe en pie para las próximas generaciones. Para la comunidad, el aprovechamiento legal es hoy una oportunidad de mejorar sus condiciones de vida, y el cuidado del bosque, el compromiso para sostenerla en el tiempo.






