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Editorial | La creciente se acerca… y Loreto vuelve a enfrentarse a su misma herida abierta

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La selva baja ya ingresó a su ciclo anual de creciente, ese fenómeno que define nuestra vida amazónica desde siempre. Lo sabemos porque los ríos empiezan a hablar, el Marañón se ensancha, el Ucayali se vuelve más oscuro y lento, y el Amazonas eleva su voz como un gigante. En las comunidades, los pobladores ya empiezan a medir la orilla, a observar las raíces de los árboles, a escuchar a los abuelos que anuncian lo que viene. La naturaleza avisa siempre; lo que no avisa, o no quiere avisar, es la inacción de nuestras autoridades.

Y es justamente esa inacción la que hoy se hace visible con mayor fuerza en Nauta. Hermanos y hermanas de la primera capital de Loreto han llegado a Iquitos no por gusto, sino por necesidad. Vienen a reclamar obras que debieron estar culminadas antes de que los ríos empezaran a crecer. Vienen a exigir que el Gobierno Regional de Loreto responda por proyectos paralizados, por colegios inconclusos como Bardales, por un puente detenido, por calles que llevan más de dos años esperando reasfaltado. No es un reclamo político: es un reclamo por supervivencia en una región donde la creciente no perdona.

La protesta en Nauta es también un espejo para toda la región. Porque así como ellos no ven avances en su infraestructura, otras provincias viven la misma realidad: sistemas de desagüe colapsados cada vez que sube el agua, carreteras deshechas que se vuelven trampas mortales, defensas ribereñas incompletas y poblaciones enteras expuestas a enfermedades que se multiplican en cada inundación. En un territorio fluvial como el nuestro, donde los ríos son carreteras y también amenazas, no tener obras listas equivale a dejar a la gente sola ante un ciclo natural pero devastador.

Y mientras los pobladores protestan, los ríos siguen creciendo. Las lluvias en la cuenca alta ya empezaron, y todo lo que cae allá arriba llegará inevitablemente a nuestra selva baja dentro de semanas. El ciclo amazónico funciona así, año tras año. Lo saben los pescadores, lo saben los agricultores, lo saben las familias ribereñas que empiezan a elevar sus casas con palos frescos de capirona. Lo sabe la gente, pero parece no saberlo la burocracia. ¿Cómo puede un gobierno regional permitir que la temporada de creciente encuentre obras paralizadas? ¿Cómo es posible que una carretera fundamental como la Iquitos – Nauta siga deteriorándose por tramos, como si la vida amazónica pudiera arreglarse en pedacitos?

Cada creciente revela una verdad incómoda, la Amazonía no está siendo gobernada para amazónicos. Si nuestras autoridades conocieran realmente la vida que ocurre cuando suben los ríos, no esperarían a que el agua entre a las casas para recién pintar el discurso de emergencia. La gente de Nauta lo tiene claro. Lo saben los pueblos indígenas ribereños del Amazonas, todos los que cada año viven en carne propia la misma historia de abandono. Cuando no se culminan obras, no se posterga un proyecto: se pone en riesgo una vida.

Otra vez estamos llegando tarde. Antes de que el agua toque los patios, se deben limpiar los drenes, reforzar las defensas, preparar albergues, garantizar brigadas de salud y asegurar movilidad para emergencias. Pero hoy, en pleno inicio de la creciente, seguimos mirando cómo la población marcha y exige lo mínimo: que se termine lo prometido. Y mientras tanto, cada lluvia grande hace temblar a las familias que viven al borde de quebradas, cada tormenta hace temer a quienes ya saben cómo huele el lodo del desborde.

Desde este micrófono amazónico, desde radio La Voz de la Selva, tenemos que decirlo claro: Loreto no puede seguir viviendo de gestiones que no entienden el territorio. En la Amazonía, el tiempo no se mide en calendarios; se mide en ciclos del río, en siembra y cosecha, en creciente y vaciante. Y si las autoridades no gobiernan con ese entendimiento, gobernarán siempre a destiempo. Y gobernar a destiempo en la selva significa exponer vidas humanas.

Por eso, esta editorial es también un llamado a la responsabilidad. No basta con reuniones, fotos o discursos. Se necesita decisión política, anticipación y trabajo real en el territorio. Se necesita que el Gobierno Regional de Loreto escuche, atienda y actúe. Se necesita que las obras de Nauta se culminen, que la carretera sea reparada de manera integral, que el sistema urbano se prepare y que las comunidades ribereñas no enfrenten solas otra inundación.

La creciente ya está aquí. No puede ser que, una vez más, el agua llegue puntual y la autoridad llegue tarde. Es tiempo de mirar a la Amazonía como un territorio con vida propia, con riesgos previsibles y con una población que merece dignidad, prevención y obras hechas a tiempo. Porque en Loreto, el río avisa… y esta vez nos está avisando fuerte.

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