Miguel Donayre Pinedo
Mi padre cuando éramos pequeños nos llevaba a mirar y admirar el río Nanay. En el mapa el río está lleno de meandros de principio a fin, me recordaba el verso de Carlos Reyes Ramírez: «aullando por los meandros» del poemario «Ukamara. Ojo de serpiente». Una de mis primeras imágenes infantiles que se ha quedado grabado en mi memoria es el color del río Nanay, son las aguas donde mi padre pasó su infancia y al que siempre volvía. En mi memoria las aguas eran del color del ron con coca cola y mostraban gran sosiego. Recuerdo que en un bote/motor nos íbamos por el Barrio Florido, él nos contaba anécdotas de esa parte del río, recordemos que en la cabecera del Nanay están los ikito que fueron desalojados de lo que hoy es Isla Grande –la ciudad pudiera haber nacido de una usurpación. Nos decía mi padre que cuando era niño cruzaba a nado de una orilla a otra, cierto o no, nosotros quedábamos embelesados por sus pasmosas historias, ya de mayores hacíamos bromas sobre esos relatos que él también se reía. Aludía a Víctor Noriega quien administraba una bodega y bar. Nos contaba que cerca donde vivía había una fábrica extractora, era la famosa Astoria que recogía productos del bosque para su exportación, sobre esa fábrica hoy remontada por la maraña él añadía historias sobre los diferentes amigos que trabajaban en ella donde un inusual colorido en el paisanaje. Me viene a la memoria que con otros familiares se planificaban caminatas por la loma de propiedad de Juan Villamar que colindaba con los terrenos de la Armada peruana o el a mirar el encuentro de las aguas del río Nanay con el Amazonas –en Manaos es toda una atracción turística. Con los años el universo del río Nanay se extendía a los caseríos de Padre Cocha, Manacamiri, Santa Clara, Rumococha (un comunero sensible planteó una acción de amparo por un derrame de petróleo de una barcaza que contaminó la cocha), Pampachica tiene aguas del río Nanay como el lago de Moronacocha que se alimenta de las aguas del mismo río. En el ejercicio profesional alrededores de este río llevaba casos de titulación de la comunidad de Picuroyacu y de los problemas de la construcción de un oleoducto en Centro Arenal que me remitían casi siempre a la historia social, que estaba vinculada, como no, al barón del caucho. En esta rápida historia había un grupo de estudiantes y profesionales finlandeses trabajando en una parte del río o la declaratoria de la existencia de un área natural protegida como Allpahuayo -Mishana. Ese río de aparente apacible tenía y tiene una fuerte dinámica social en sus orillas como se puede advertir. Después pareciera que llegó el apocalipsis como las concesiones mineras informales, el turismo sin fronteras, garimpeiros de todos los rincones, la especulación de tierras, la construcción de un puente que en sus inicios no tenía continuidad –este puente sirve de inspiración literaria a la improvisación, ese gran defecto de nuestra clase política. El mundo de mi infancia y adolescencia se puso patas arriba con la irrupción abrupta del río Amazonas que desplazó varios metros al río Nanay, se llevó parte de mi memoria. Este es un repaso a vuelapluma de la breve historia que acuna el río Nanay en una parte de su cuenca, seguramente, hay más y mejores a lo largo de ella. Recordemos que la historia de este río es parte de la historia de Isla Grande y de la región, por eso la importancia en defender a este río de aguas tranquilas.






